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De Toneladas a Terabytes

17/12/2025 0 vistas
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De Toneladas a Terabytes: 5 Realidades Impactantes Sobre la Evolución del Almacenamiento Digital

Piense en la última foto que borró de su teléfono para liberar espacio. Probablemente ocupaba unos 5 megabytes. Ahora imagine que para almacenar esa única foto, necesitara una máquina del tamaño de dos frigoríficos y que pesara más que un coche. Esta no es una fantasía, sino la realidad del almacenamiento de datos en 1956. Es el punto de partida de una de las evoluciones más explosivas de la historia de la tecnología: la dematerialización de los datos.

El viaje desde lo gigantesco, prohibitivamente caro y exasperantemente lento hasta lo minúsculo, asequible e instantáneo que hoy damos por sentado está plagado de hazañas de ingeniería, actos de rebelión y tecnologías que se niegan a morir. Hemos pasado de guardar información en objetos físicos y tangibles a confiar en campos magnéticos invisibles y células de silicio microscópicas.

Este artículo explora cinco hechos asombrosos de esa evolución. Son realidades que no solo ponen en perspectiva nuestro mundo digital, sino que también revelan la increíble historia de cómo la humanidad aprendió a dar forma a lo invisible.

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1. El primer disco duro pesaba una tonelada y almacenaba menos que una canción en MP3

En 1956, IBM presentó el dispositivo de almacenamiento en disco IBM 350, el primer disco duro del mundo. Su escala física era monumental: pesaba más de una tonelada, tenía el tamaño de dos frigoríficos grandes y contenía 50 discos de 24 pulgadas de diámetro girando sin cesar. A pesar de su imponente presencia, su capacidad era minúscula: apenas 3,75 MB, menos de lo que ocupa una única fotografía de alta resolución de un smartphone o una canción en MP3.

Sin embargo, sus contemporáneos lo apodaron la "memoria milagrosa". ¿Por qué? Porque introdujo un concepto que cambió la informática para siempre: el acceso aleatorio. Antes del IBM 350, los datos se almacenaban en cintas magnéticas o tarjetas perforadas. Obtener una respuesta a una consulta significaba procesar una cinta secuencialmente, una tarea que podía llevar horas o incluso días. El IBM 350 redujo ese tiempo a segundos. Por primera vez, una empresa podía obtener una respuesta inmediata a una pregunta crítica, como los niveles de inventario. Esto transformó la computación de una herramienta de procesamiento por lotes a una interactiva, sentando las bases del mundo digital en tiempo real que conocemos hoy.

2. Guardar un gigabyte de datos costaba más de 100 millones de dólares

El coste del almacenamiento temprano era tan astronómico como su tamaño. Hoy podemos comprar un disco de 4 terabytes por unos 130 euros, lo que sitúa el coste en unos 0,0325 euros por gigabyte. Es un precio tan insignificante que ni siquiera lo consideramos.

En 1956, la realidad era otra. Ajustado a la inflación, el coste de almacenar un gigabyte en el IBM 350 equivaldría a 109.000.000 de dólares de 2025. El propio alquiler mensual del ordenador RAMAC, que incluía la unidad de menos de 5 MB, costaba 3.200 dólares de 1956, lo que hoy serían más de 33.200 dólares al mes.

Este colapso en el coste no es solo una estadística; es el suelo fértil del que ha brotado nuestro mundo digital. Sin él, no habría servidores asequibles para que funcionara internet, ni almacenamiento masivo para las plataformas de redes sociales, ni unidades baratas de alta capacidad para albergar los sistemas operativos que impulsan nuestros smartphones. La democratización de los datos comenzó aquí, con la caída de su coste desde una fortuna a prácticamente nada.

3. La tecnología del disco duro nació de un acto de rebelión corporativa

Una de las tecnologías más influyentes de la historia estuvo a punto de no existir, salvada por un acto de desobediencia. El proyecto, liderado por Reynold B. Johnson —conocido como el "padre del disco duro"—, fue cancelado por la junta directiva de IBM apenas un año después de su inicio en 1952.

¿La razón? Se especula que una de las principales fue el clásico "dilema del innovador": la nueva tecnología amenazaba directamente el negocio de las tarjetas perforadas, que en aquel momento era inmensamente rentable para IBM. La empresa, temerosa de canibalizar su producto estrella, dio la orden de detener el desarrollo. Fue un momento crucial de inercia corporativa que podría haber retrasado la informática décadas.

Fue entonces cuando Johnson tomó una decisión que cambiaría la historia.

Sin embargo, Rey Johnson decidió no acatar la orden y siguió trabajando en el proyecto.

Gracias a esta perseverancia, que desafió la lógica empresarial de la época, y a cuatro años más de desarrollo superando obstáculos técnicos, el equipo presentó el revolucionario sistema RAMAC. El disco duro no nació solo de la innovación técnica, sino de la convicción de un inventor que luchó contra la inercia de su propia empresa.

4. Antes de los discos, los datos se guardaban en tarjetas de papel perforado

Antes del almacenamiento magnético, la información digital era un objeto físico, pesado y vulnerable. Las tarjetas perforadas fueron el método más antiguo de la informática, cartulinas donde una rejilla de agujeros representaba los ceros y los unos del código binario. Programar no era teclear en una pantalla, sino un acto de creación física. Una sola instrucción en COBOL requería su propia tarjeta.

Este método definía la relación de los programadores con los datos. Una pila de tarjetas caída al suelo podía significar la pérdida de días de trabajo. Un error de código no era un fallo en una línea de texto, sino un agujero tangible en el lugar equivocado. Para poner en perspectiva la revolución que supuso el disco duro, el primer IBM 350, con sus modestos 3,75 MB, podía almacenar el equivalente a 64.000 tarjetas perforadas. Fue un paso fundamental en la dematerialización de los datos, liberando a la información de su engorrosa realidad de papel y abriendo el camino hacia el almacenamiento denso y eficiente.

5. Una tecnología "obsoleta" sigue siendo crucial para las copias de seguridad masivas

Hay tecnologías que parecen morir, pero que en realidad siguen viviendo en secreto, más fuertes que nunca. Este es el caso de la cinta magnética. Muchos la recuerdan como los casetes de audio que usaban los primeros ordenadores domésticos en los años 70 y 80, una solución barata que fue barrida por los disquetes y los CD. Dimos por muerta a la cinta.

Pero no lo estaba. Mientras desaparecía del mercado de consumo, evolucionaba en segundo plano para el mundo profesional. Hoy, de forma contraintuitiva, la descendiente de aquella humilde cinta de casete es la guardiana silenciosa de los archivos de datos más críticos del mundo. Las grandes corporaciones y los centros de datos la utilizan masivamente para copias de seguridad de servidores y archivado a largo plazo o "cold storage". ¿Por qué esta tecnología zombi sigue siendo insustituible? Por una combinación inmejorable de capacidad masiva, bajo coste a gran escala y, sobre todo, una durabilidad y estabilidad a largo plazo excepcionales, algo en lo que supera a los discos duros para el archivo de datos que no necesitan un acceso inmediato.

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Conclusión

La trayectoria desde una máquina de una tonelada que almacenaba una foto hasta guardar bibliotecas enteras en un microchip ha sido una saga extraordinaria de dematerialización. Este progreso, impulsado por el dominio del magnetismo y el silicio, ha redefinido nuestra relación con la información. Ahora que nos enfrentamos a los límites físicos de esos materiales, el próximo gran salto hacia el almacenamiento de ADN o la memoria cuántica plantea una nueva pregunta: ¿el futuro de los datos se escribirá no ya en platos giratorios, sino en el mismísimo código de la vida?

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